En la casa en la que estoy viviendo (casa de los Murorrubio) todos los días tenemos unas pequeñas visitas: unos pequeñines que saliendo del Cendi son ciudados por la señora Champiñón.
Llamémosles Anibella y Shekolín. Son unos niños adorables y me hacen reir mucho. Se les ocurre cada cosa!!
A veces son berrinchudos, pero como quiera me caen bien, sólo basta compararlos con la señora Champiñón (jaja, qué mala soy, no debí decir eso).Resulta que Shekolín, además de ser adorable y chulo, me recuerda mucho, mucho, mucho al Alfalfa.
Pareciera su hijo perdido.
La viva cara del Alfalfo: sus labios, sus ojos, sus cejas, su boca, su naricilla, sus orejas... Está igualito.
Y por si fuera poco, se llama Sergio (igual que el Alfalfo). 
Muy aparte que se parezca o no, me dan ganas de abrazarlo y apachurrarlo.
Luego su vocecilla es tan adorable.. jeje, y suele repetir las últimas palabras de las frases que los demás dicen.
Me da risilla. Jojo. 
Nota: este post no es para venerar al Alfalfa como en posts pasados. Sólo es para mostrar las ironías o coincidencias de mi vida.
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